2 de enero de 2006

Resistencia

Hoy el viento es tan fuerte que consigue doblar los troncos de los árboles.
Después los suelta, y vuelven a su posición, temblando.

Cuando parece que ya ha vuelto la calma, comienza de nuevo a soplar, primero despacio y después aumentando su fuerza, sin nada que lo detenga, podría continuar hasta romperlos, pero cuando llega al límite, parece que se olvida de lo que estaba haciendo y se marcha.
Los árboles respiran aliviados y se preparan para la siguiente embestida, así una y otra vez.

Si no hubiera árboles, desde mi cristal, no podría saber si hay viento, ni qué fuerza tiene, podría parecer incluso que no existe el viento.

Tal vez el viento existe sólo porque los árboles deciden moverse.