22 de diciembre de 2006

Felices Fiestas

El aire comienza a llenarse de la calidez con la que soñamos de niños la Navidad. Queda sólo un día para Nochebuena y los recuerdos empiezan a llamar a la puerta de la memoria.
Los días en familia, los juegos en el salón de casa, el calor de la chimenea encendida, las luces sobre el árbol, la ilusión de los regalos, los abrazos, los besos.

La cena de Nochebuena con treinta en casa, jugando al escondite con los primos, el armario convertido en fortaleza inexpugnable, el mus de los mayores, los villancicos sonando de fondo, la alegría. Amanecer gritando a los cuatro vientos Feliz Navidad, saltar sobre la cama y correr a mirar por la ventana para comprobar cómo ha cambiado el mundo en un día que sientes tan especial. El desayuno de polvorones, mazapanes y alfajores.

Abrigarse mucho, que hace frío, sin olvidar los guantes, que luego los dedos duelen. Y salir al jardín y correr y reir y jugar, y ser feliz, porque durante estos días sabes que todo el mundo se siente así.

El día de fin de año, los trajes de fiesta, las pajaritas y los tacones, los abrigos largos, los perfumes. La cena en casa de los tíos, la música, las uvas y las doce campanadas, o catorce, o dieciséis. Las felicitaciones, las llamadas de los que están lejos, los recuerdos a los que ya no están, la bienvenida al nuevo año cargado de esperanza.

Las compras de última hora por la Puerta del Sol, inundada de luces, el roscón de Reyes mojado en Cola-cao, el insomnio del deseo de dormir y que llegue ya el día siguiente.
El koala blanco, el tanque y el exin castillos que dejaron los Reyes Magos, los caramelos que se les han caído del saco, y que hacen un caminito que va del árbol a la calle, perdiéndose a lo lejos, en la nieve.
La ilusión cumplida, la alegría de comprobar que los deseos pueden hacerse realidad, para todos.
Sentir que es tan fácil ser feliz.

Pues eso, Felices Fiestas.