18 de junio de 2007

¿Soñaré?

La fiebre me agrieta los labios, me abrasa los ojos. Trato de no pensar en las horas muertas que paso tumbada en la cama sin poder moverme. Me invento una vida diferente y entre las llamas de la desesperación Morfeo me tiende la mano.

Hace mucho calor, tengo que coger el autobús para llegar a casa.
El asfalto arde, las ventanas de los edificios reflejan la hiriente luz del sol. El aire es tan caliente que duele al pasar por la garganta, estos tacones me están matando.
Mi socio no deja de hablar de lo impresionados que han quedado con nosotros.
Está seguro de que firmarán el contrato. Yo también, cómo no iban a hacerlo, somos su mejor opción y ellos la nuestra. Con este acuerdo tenemos asegurada la financiación durante los próximos diez años y los contactos que nos genere nos harán crecer y afianzar la compañía definitivamente.
Pero eso ahora realmente no me importa, estoy cansada, estoy tan cansada.

Este año cumpliré los cuarenta y he dedicado tanto tiempo a mi trabajo que a veces pienso que echo en falta algo más. No tengo pareja, la última que tuve que me importó algo fue un amor de verano que conocí cuando acabé el colegio. Duramos casi cinco años, hasta que acabé la carrera y me fui a estudiar un Master a Estados Unidos. No le pedí que me esperara y él no dijo que lo haría.
Desde entonces no he tenido ninguna relación importante y tampoco he pensado en tener hijos. A veces pienso en qué hubiera ocurrido si hubiera seguido con él.

Subimos al autobús, son sólo unos minutos hasta llegar a casa, pero no puedo más. Mi socio quiere celebrarlo por todo lo alto, Tokio o Nairobi, o tal vez una fiesta intima en una chocita en Bali, como otras veces. He aprendido a soportarle porque sencillamente no hay otro mejor que él en este negocio, pero a veces me gustaría decirle lo mucho que valoro el silencio, porque no para de hablar y hablar.
Estoy tan cansada que me gustaría poder dormir, aunque fuera un minuto.
Su discurso sobre las inversiones que haremos y las posibles alianzas comienza a transformarse en un lejano murmullo, apoyo la cabeza en el cristal y veo caminar a la gente por la acera, abrasándose bajo este sol que parece odiarnos cada dia más. Sólo una parada y llegaré a casa.

Recuerdo cómo era la casa de mis padres, lo mucho que me gustaba jugar en el jardín, lo mucho que me gustaba tumbarme en la hierba y dejar pasar los días sin ninguna preocupación.
Cómo hubiera sido mi vida si no me hubiera marchado y hubiera seguido con aquel chaval, qué estará haciendo ahora. Tal vez nos habríamos casado y habríamos comprado una casa cerca de la de mis padres, con un enorme jardín. Tal vez tendríamos perros y por qué no, tal vez habríamos tenido hijos, una niña por ejemplo, con unos enormes y brillantes ojos azules, como los de mi abuela y mi padre, como los míos.
Estoy tan cansada que no puedo mantener los párpados abiertos. Sólo los cerraré un minuto, sólo para imaginar cómo hubiera sido mi vida contigo, sólo soñaré, sólo la oscuridad y el silencio.

Abro los ojos y sigo en la cama.
Qué sueño tan extraño.