18 de mayo de 2008

Todos esos momentos

Abrió los ojos y reconoció la habitación. La botella de Moët estaba sobre la mesa, al fondo, junto a las dos copas.
Así que finalmente acabaron aqui.
No recordaba mucho más que una bruma llena de sensaciones y calor, de labios y gemidos, de sábanas ardientes y cuerpos desbordados por la pasión.

Habían quedado a cenar en el restaurante del hotel de Las Letras para hablar del último libro que estaba escribiendo, y estaban acabando cuando se desató la tormenta, fue implacable, rios de agua se vertían sobre las calles, el espectáculo era sobrecogedor y nada invitaba a introducirse en él.

Demoraron la despedida hasta que el cielo se abriera y decidieron tomar una última copa en el salón, pero el cielo se convirtió en firme cómplice de lo que sucedería y continuó impidiéndoles abandonar el hotel.

Con el tiempo la conversación fue perdiéndose por los lugares más intimos y para cuando la lluvia dejó de golpear con fuerza las ventanas, ya sabían que no querían que la noche acabara.
Comprendieron que ese instante era único.
Llegó el primer beso, la primera caricia, y después nada pudo contenerles. Sintió como si siempre hubiera besado aquellos labios, como si siempre la hubieran abrazado aquellos brazos.
Imparable, como la tormenta, el deseo se convirtió en lo único que era posible, contemplaron esos momentos como aquellos por los que merece la pena existir, solo importaba el ahora, el día de mañana nunca llegaría.

Pero ese día llegó, y era hoy.
Se giró y allí estaba, con su cabeza apoyada sobre la almohada, las sábanas dejaban al descubierto su espalda, pensó que era tan bello que dolía estar allí sin acariciarlo.

Se levantó sin hacer ruido, recogió la ropa y entró en el baño para vestirse.
Al minuto salió, él seguía durmiendo, aún no había despertado del mágico sueño que los había envuelto. Se acercó, despacio, y le besó en la frente, después se dirigió a la puerta y sin mirar atrás, abandonó la habitación.

15 de mayo de 2008

La buena educación

Cuando tienes que compartir un montón de horas con una persona, hay que tener muy presente que la amabilidad es un aspecto de la conducta que se debe cuidar al máximo.

Si eres borde, quédate en casa y pide la baja por insoportable, seguro que el médico, a poco que sea buena gente y se solidarice con tus compañeros de curro, te la firma.

Si eres ordinario, métete un calcetín en la boca, que hayas usado durante una semana completa sin ducharte, así podrás tener una idea algo aproximada del sabor que tienen las expresiones que utilizas.

Si vas de oseasoylomás, cuando te levantes por la mañana ponte un tutú rosa pálido y una diadema cuajada de brillantitos del mismo color, y por favor, no te olvides las bailarinas con lazos de raso, así podrás comprobar cual es la imagen exacta que transmites con tu actitud.

Porque la amabilidad esconde la realidad.
El silencio y una sonrisa te debería indicar que tal vez estés superando el límite de lo humanamente tolerable.
También soy borde, también soy ordinaria, también soy osealomás, soy tan humana como tú, pero no estoy tan mal educada como para ir anunciándolo en neón a cada minuto del día.

Resulta que la naturalidad ha adquirido un nuevo significado, ahora ser "natural" equivale a invadir el espacio y la sensibilidad de los que te rodean en un perímetro de al menos cincuenta metros.

Que sientes la necesidad de estar con cara de ajo y soltar sarcasmos a cada oportunidad, pues venga todo el día con cara de ajo, después te extrañarás de que la gente huya cuando te ve aparecer.
Que no sabes decir una frase sin intercalar "mari" unas siete veces, pues no te cortes, la comunicación está sobrevalorada, seguro que esa debe ser la razón por la que las conversaciones contigo no duran más de dos minutos.
Que tu autoestima está tan ausente que tienes que ser la viva imagen de la princesa Letizia, si, con "z", pues osea, vale, cariño, lo entiendo, eres super, super natural, en realidad estás de muy de moda, eres lo más y si los demás no se rinden a tus pies es que son todos unos envidiosos.

Qué poco valorada está la amabilidad.

Porque la buena educación importa, para todo.
No es lo mismo hablar a gritos que hablar en un tono adecuado, ni utilizar palabras soeces a no hacerlo, ni comer como un cerdo que comer como una persona.
No es lo mismo decir buenos días que decir "eeeh", ni existe la necesidad de saber qué es lo que exactamente vas a hacer al cuarto de baño, ni importa más allá del interés por tu salud, los detalles específicos de tus dolencias gástricas.
Y si alguien se interesa por tu bebé, es por la idea general de tu bebé, incluso podrías hablar de los agradables sentimientos que produce ser madre, pero ahórrate las diferentes formas en que consigue expulsar la comida de su cuerpo.

Existe tanta belleza en la naturaleza que nos rodea que al menos deberías tratar de no desentonar.

Lo siento, pero a medida que pasa el tiempo cada vez voy valorando más los detalles, la delicadeza, la elegancia, y me produce repugnancia la absoluta carencia de armonía.
Cada uno en su casa que haga lo que quiera, pero por favor, cuando se comparte espacio con alguien hay que intentar, al menos intentar, no ser rematadamente "natural".