15 de junio de 2008

Entrevista con Vicente

Mi querido amigo Vicente me ha hecho una entrevista para Periodista Digital, podéis verla directamente aqui.

Cuando escribí las respuestas pensaba que teníamos una conversación compartiendo una paella al lado del mar mediterráneo, en Valencia.
Así fue mucho más fácil porque Vicente es una persona alegre, cercana y buena, y eso me hizo tener el ánimo de decir las cosas desde el corazón.

Confieso que cuando la he visto publicada me he sentido algo expuesta, pero espero que sirva para que los superdotados que se sienten algo desorientados encuentren una respuesta más que les ayude a encontrar su propio camino.

"María Paz Díaz Pérez: "Hay que tener en cuenta que la sociedad no tolera bien las diferencias, sean del tipo que sean"

06.06.08 | 12:42. Archivado en Educación
Vicente Torres (PD)-. María Paz Díaz Pérez nació en Valladolid el 18 de noviembre de 1967. Estudió en un colegio privado y a los 21 años dejó la licenciatura de derecho. Estuvo hasta los 24 años trabajando hasta que se casó. Acabó retomando sus estudios y acabó la carrera. Trabajó de pasante en un despacho de abogados y llegó a poner su propio despacho que compaginaba con otros empleos. Decidió dejar de trabajar cuando se quedó embarazada de su hija. Actualmente trabaja como Técnico de formación para una empresa pública y tiene el blog El Color del Cristal.
-¿Cuándo supiste que eres superdotada?
Demasiado tarde, con 34 años, aunque desde niña supe que era diferente. Me resultaba evidente que era capaz de aprender más rápido que los demás, mi capacidad para expresarme y resolver cualquier problema era superior y mi imaginación volaba realmente más allá de lo normal.
Todos esos indicadores me hacían pensar que era diferente, pero no necesariamente que fuera mucho más inteligente. Ni en mi familia, ni en el colegio, ni siquiera en la sociedad se valoraban esas características como determinantes de una inteligencia superior.
Cuando me quedé embarazada y llegó mi hija, comencé a ver en ella comportamientos que no eran los que cabía esperar para una niña de su edad. Investigué tratando de saber qué podía esperar de su evolución y así llegué a darme cuenta de que tanto ella como yo cumplíamos el perfil que poseen los superdotados. Realicé el test de Mensa, una asociación de superdotados y confirmé lo que ya esperaba.
-Tengo entendido que tu infancia transcurrió en un lugar muy céntrico de Madrid. ¿Cómo eras entonces?
Me gusta pensar que entonces era como soy ahora, he tratado de evolucionar hacia la inocencia de aquellos días. Crecí buscando respuestas que ya tenía y ahora sólo disfruto del conocimiento. Resultó muy dificil crecer ignorando cual era la barrera que aparentemente me separaba de los demás, y ahora que lo sé, sólo siento que necesito descansar de tanta búsqueda y tratar de ser feliz.
-Tras estudiar derecho, pasaste a trabajar en un despacho de abogados. Abandonaste el trabajo para cuidar a tu hija, que acababa de nacer. ¿Te costó mucho dar este paso?
Fué la decisión más fácil que he tomado y de la que menos me he arrepentido. Creo que la sociedad no valora la importancia de cuidar de los niños cuando más lo necesitan, de estar con ellos cuando empiezan a aprender qué es el cariño y el amor, qué pueden esperar del mundo que les rodea. Soy consciente de que tuve el privilegio de poder cuidar de mi hija y lo aproveché, pero creo que todo el mundo debería poder tener ese privilegio.
-Eres una mujer muy romántica y sensible, capaz de pasar el rato en tu jardín mirando a las ardillas o escuchando el canto de los pájaros, aunque al mismo tiempo eres capaz de tomar decisiones sin vacilar. ¿Qué cosas te duelen más en la vida? ¿Qué decisión te ha costado más de tomar?
Me duele la maldad, es lo único que realmente me ofende. Todo lo demás es comprensible y justificable. Comprendo la vida en toda su amplitud, comprendo a las personas y asumo cualquier inconveniente, nadie es perfecto, pero lo que no apruebo es que las personas no traten de ser mejores consigo mismas y con los demás.
Creo que he dirigido mi vida influida por ese convencimiento, y en cualquier decisión que he tomado siempre he valorado el bien que se pudiera llegar a conseguir. La sensibilidad ayuda a tomar mejores decisiones, cuando te abres a lo que te rodea posees más información y puedes decidir más acertadamente.
-¿Qué diferencias ves entre los superdotados y quienes no lo son?
Creo que en general los superdotados tienen más curiosidad por aprender cosas nuevas, son intelectualmente más inquietos, más observadores, y poseen un sentido de la lógica y la justicia más acusado. Son precisamente estas características las que hacen que se sientan injustamente valorados, lo perciben de una forma más nítida.

-¿Crees que los superdotados pueden aportar algo a la sociedad?
Como individuos y como colectivo podrían aportar mucho a la sociedad, si la sociedad supiera cómo entenderles, porque de hecho existe una absoluta falta de comunicación.
-¿Por qué crees que los superdotados tienen tan escasa tendencia a asociarse?
Porque no han sido educados desde niños a asociarse. Al contrario que los demás niños que pueden experimentar y crecer con otros niños, los superdotados no pueden hacerlo, no tienen compañeros de juegos, crecen en soledad. Las personas no somos necesariamente seres sociales, pertenecer a un grupo es bueno si te ayuda a mejorar, te aporta algo y puedes aportar algo al grupo, de lo contrario, no tiene sentido.
Los superdotados no podemos socializarnos de forma completa porque la relación intelectual con los demás es prácticamente inexistente, y eso acaba por alejarnos también emocionalmente. No puedes compartir el sentimiento de soledad e incomunicación intelectual con quien nunca lo ha sentido.
¿Harías algo para modificar esta circunstancia?
Por supuesto que si, desgraciadamente no tengo las herramientas para hacerlo, que son fundamentalmente políticas y legislativas. No basta con que exista una Ley, hay que poner los medios y los recursos para hacer que se cumpla. Hay que tener muy claro el objetivo que se quiere conseguir y que este objetivo supondrá un beneficio para los superdotados y para la sociedad. En mi opinión, la legislación actual no supone ningún beneficio para los superdotados como colectivo y por tanto, tampoco lo supondrá para la sociedad.
Los superdotados deberían poder crecer y desarrollarse dentro de su normalidad, que no es la de los demás, no se puede tratar de igual forma a los que son distintos.
-¿Crees que los niños superdotados están siendo bien atendidos en nuestro país?
Definitivamente no. La inteligencia en nuestra cultura es un motivo más para envidiar. Desde niños sabemos que es una característica que conviene ocultar frente a quien no la posee, que no está reconocida como tal y de la que no obtendremos ningún beneficio. Hay que tener en cuenta que la sociedad no tolera bien las diferencias, sean del tipo que sean.
No se están tomando medidas eficaces, no existen programas orientados específicamente a la identificación de los superdotados, ni a su orientación, ni a la relación con sus iguales, que sería fundamental para que pudieran crecer con normalidad.
Se trata de solucionar con parches a un sistema educativo que en esencia resulta perjudicial para los superdotados. Tampoco resulta conveniente desde un punto de vista emocional adelantar uno o varios cursos a un niño superdotado y obligarlo a relacionarse emocionalmente con personas adultas. Un niño superdotado sigue siendo emocionalmente un niño y debe ser tratado como tal.
Aunque se están dando pasos para tratar de solucionar la problemática de los superdotados, no se están dando en la dirección correcta, existe buena intención, pero también existe una absoluta falta de información."

6 de junio de 2008

Lágrimas de sangre

En una profunda y lúgubre noche sin luna los Demonios ascendían lentamente al techo de la montaña.
Subían en fila de tres, por un angosto pasadizo, entre brillantes y negros peñascos empapados de fina lluvia, iluminados por el fuego de las antorchas, susurrando un cántico sobrecogedor.

Ocultos bajo las capuchas de las túnicas escondían los acartonados y ennegrecidos rostros, reflejo de sus almas, depravadas y malditas.
Las manos entrelazadas sobre el pecho eran huesudas y ásperas, el olor, pestilente.
Uno tras otro iban llegando y colocándose en círculo para dar paso al Ritual, y una vez éste terminara, los Ángeles caerían fulminados y acabarían al fin con cualquier rastro de bondad.

Porque los Ángeles eran la esencia de la pureza y la bondad, bellos y majestuosos, la luz que emitían deslumbraba como la misma luz del sol.
Los pocos Demonios que habían sobrevivido a su ataque los describían como gigantescos y musculosos cuerpos del color de la más pura nieve, cegadora, cubiertos de un fino vello que se agitaba con el combate.
Sus alas cubiertas de nacaradas plumas batían el aire con fuerza, con un ruido ensordecedor, y desplegadas por encima de sus cabezas los sostenían mientras los rayos que surgían de sus manos pulverizaban todo aquello que tocaban, pero no eran inmortales.

Sólo quedaban unos pocos y menos aún eran los que infiltrados en la comitiva, alertados de la celebración del Ritual, esperaban el momento preciso para atacar.
Ocultos bajo las mismas túnicas, pintados los rostros con carbón, encorvados, con sus articulaciones forzadas a parecer deformes y las alas replegadas, ascendían al lado de sus enemigos.
El dolor del hedor penetrando en sus pulmones, como bocanadas de venenoso humo, corroía la pureza de sus cuerpos.
Esperaban alcanzar la cima y allí se descubrirían, volarían por encima de los Demonios y detendrían el Ritual.

Pero entonces comenzó a llover con fuerza, con tanta fuerza que las holgadas capuchas se empaparon y el agua discurrió libremente por sus rostros, el tizne se diluyó y las blancas pieles resplandecieron.
Su disfraz, desapareció.
Parecía que la balanza del destino, esa noche, había decidido inclinarse definitivamente del lado de la maldad.

Descubierto el engaño, los Demonios cargaron contra ellos sujetándolos de las túnicas que los envolvían, clavandoles sus garras en la blanca carne, desgarrándola. Con las alas aún replegadas, resistieron hasta que su luz se apagó.
Pero algunos consiguieron liberarse y combatieron, consiguiendo llegar hasta la cumbre, brillaban en su cima, con los cuerpos ensangrentados, con las alas desechas que apenas los sostenían.
El combate era tan desigual que uno tras otro fueron cayendo sobre los Demonios, que los despedazaban.

El último de ellos, el más poderoso, el más hermoso, consiguió alzar el vuelo por encima de la masacre. El ruido de sus magníficas alas cortando el viento detuvo por un instante cualquier otro movimiento, sólo la lluvia cubría impasible tan siniestro escenario.
Desde el cielo los rayos de sus manos abrasaban los cuerpos de los Demonios, que inmóviles como estatuas esperaban pacientes que cayera.

Sintiéndose impotente, herido de muerte, vertiendo la roja sangre sobre sus verdugos, contempló el final de sus hermanos, sintió su propio final y gritó salvajemente.
Y fue entonces cuando lo sintió, sintió la presencia de Él.

Era tan hermoso contemplarlo suspendido sobre aquella turba de malolientes seres, era tan vibrante la fuerza que desprendía, era tan brillante su blanca luz, que Él se sintió atraído por su belleza, por su valor, se sintió atraído por la pasión con que se aferraba al combate y a la vida.

Le miró mientras batía sus ensangrentadas alas, mientras sus lágrimas se confundían con el negro del carbón y el rojo de la sangre.
Le miró y alzando una mano lo sostuvo en el aire para que no cayera, mientras que con la otra, lentamente, con la palma hacia abajo y como si de una suave brisa se tratara, despojó de cualquier atisbo de vida la cumbre de la montaña.

Lo posó sobre los montones de cadáveres de Ángeles y Demonios que allí yacían, y sin ningún asomo de culpa, sin que ya tuviera ninguna importancia, sin recordarlo si quiera, miró hacia otro lado y se desvaneció.

El Ángel, completamente solo y confuso, comenzó a entender cual era el sentido de toda aquella lucha, de tanto sufrimiento y tanta muerte.