14 de septiembre de 2008

El Anillo Único

Desde el miércoles, cualquier cosa que suceda se la achaco al colisionador de hadrones, también conocido como LHC.

Si hay un atasco poco habitual de camino al trabajo, si se cae el bote de bolis de la mesa, si hace mucho calor o frio, si graniza hielo del tamaño de pelotas de pin-pon, no me caben los pantalones que llevaba antes del verano o tengo migraña, de todo tiene la culpa el colisionador de hadrones.

Y es que el fin del mundo se acerca, poco a poco, no iba a ser algo automático, que se abriera el agujero negro de un pis pas y todos al vacío interestelar pasando por Ginebra, no, se producirán pequeños cambios a nivel molecular y en unos años, zas!, la Tierra será engullida en el interior del LHC y desaparecerá.

Así que ya no hay de qué preocuparse, acabaremos siendo polvo estelar y nada importará, nadie se acordará de que una vez existimos y en el lugar en el que ahora está el planeta Tierra sólo quedará un anillo de 27 kilómetros de diámetro con un feliz bosón de Higgs girando en su interior.

Unos cuantos años después el anillo acabará rompiéndose, el bosón saldrá de su interior y un nuevo universo comenzará a crearse.

En el principio el bosón creará los cielos y la tierra, la tierra estará desordenada y vacía y las tinieblas estarán sobre la faz del abismo y el espíritu del bosón se moverá sobre la faz de las aguas.
El bosón dirá, hágase la luz y la luz se hará.
Y verá el bosón que la luz es buena, y separará la luz de las tinieblas...