29 de agosto de 2013

Hari Seldon

Subió los tres escalones y entró.
- Hola, buenas noches, siento haber llegado tan tarde, son casi las once, pero el tráfico era espantoso.
- No te preocupes, aquí la costumbre es llegar al menos una hora tarde, así que entras con buen pie.
- Si, gracias... en realidad no sé qué hago aqui, es todo un poco extraño.
- Pues empecemos con las presentaciones y vamos entrando en calor, me llamo Hari, Hari Seldon y has sido invitada a una reunión de Ilógico, un club de juegos de mesa, de rol, de paradojas, acertijos y enigmas, en fin, un club de ludópatas.

El gigante le tendía la mano sonriendo y ella no tuvo más remedio que estrecharla.
- ¿Hari Seldon? ¿como el de la Fundación de Asimov?
- Exactamente... no es mi nombre real, pero aqui venimos a pasar un rato al margen de la realidad, así que todos tenemos un apodo, antes o después.
- Vaya, esto es cada vez más extraño, no sé si marcharme corriendo ahora que tengo la puerta cerca, dijo riendo.
- Puedes hacer lo que quieras, pero entonces no sabrás cómo llegaste aqui, porque en realidad no lo sabes ¿cierto?.
- Bueno, no conseguí descifrar la invitación del todo, si es a eso a lo que te refieres.
Sintió que tal vez ese no era su sitio, al fin y al cabo no había conseguido descifrar todas las incógnitas.

-Ah, no te preocupes, nadie lo consigue, pero todos llegamos hasta aquí de alguna manera, eso es lo que importa. Quería decir que querrás saber cómo te llegó la invitación, qué es esto... tendrás curiosidad.
- Si y lo cierto es que cada vez más. 
- Estupendo, pues al menos dame un nombre para poder presentarte a los demás.
- ¿Mi nombre real?
- Si es lo que quieres...

Empezaba a gustarle el juego, aquel tipo era realmente encantador, sería agradable pasar un rato allí y averiguar que era todo aquello.
- Mi nombre es... ¿puede ser un número?
- Veo que has cogido el truco rápido -dijo riendo- de todas formas, puedes cambiarlo cuando quieras.
- Esperaré entonces a decírtelo, si vengo una segunda vez.
El gigante asintió.
- Hasta entonces serás sólo la nueva y creo que durante bastante tiempo. Ya verás, cuando vuelvas una segunda vez -dijo guiñándola un ojo- que no consigue llegar mucha gente.

Se quitó el plumas, allí hacía calor, había más de cincuenta personas que parecían estar pasándolo muy bien. 

El local tenía dos partes diferenciadas, una parte comprendía la zona entre la puerta de entrada y la barra, situada frente a la puerta, y la otra parte, más privada, quedaba al fondo, también frente a la puerta de entrada y a la izquierda de la barra. A esa zona sólo se accedía a través de un arco de ladrillo. 

Siguió a Hari Seldon hacia la zona más privada.
Hasta que llegaron allí fueron interrumpidos por varias personas que iban o volvían de la barra a las mesas. Algunas se paraban con curiosidad para saludar, la mayoría le daban la bienvenida educadamente, otros sólo asentían con la cabeza y levantaban una ceja con aire condescendiente o miraban desde lejos y no se acercaban, pero de lo que ella no tuvo duda era de que todos los que estaban allí se conocían, aquello era una fiesta realmente privada, no era una inauguración abierta al público, de hecho el local podría tener casi tantos años como ella misma.

Dejó el plumas en el perchero que había justo detrás del arco de ladrillo y miró alrededor, en algunas mesas había juegos y en otras sólo copas o algo de comer, pero lo que más le llamó la atención era que las mesas estaban colocadas de forma caótica, eran mesas rectangulares y parecían haberlas juntado unas a otras de la forma menos eficiente posible, parecía estar viendo un tablero de dominó gigante.

Sólo quedaban dos sitios libres separados entre sí por varias mesas, en uno de ellos había una jarra de cerveza medio vacía, así que pensó que aquel era el sitio de Hari Seldon.
- Bueno, pues hasta aqui hemos llegado ¿qué te parece?.
- Sigo pensando que es todo muy extraño, pero me parece bien.
- Ahora te voy a dejar con unos colegas mientras me acabo la cerveza, ellos te irán contando qué es lo que hacemos aqui, son gente muy maja, pero si quieres algo vienes a buscarme.
- Si no hay más remedio, dijo sonriendo forzadamente.

Capítulos anteriores:
1.- La invitación
2.- La búsqueda
3.- El encuentro

The Royal Maple

Para entrar tuvo que ir apartando muebles viejos y cajas polvorientas. Consiguió abrirse paso a través del desván poco a poco, hasta llegar a la ventana.
La luz del sol traspasaba con dificultad la mugre que se había ido depositando en el cristal durante todos aquellos años.

Abrió la ventana y respiró por fin el aire fresco de la mañana.
Le parecía que había pasado una eternidad y en cierto modo así había sido, aunque ahora eso no importaba, no importaba cómo lo había conseguido, al menos por el momento.
Lo único que importaba es que había conseguido volver.

Se giró y echó un vistazo al desván, le iba a llevar mucho tiempo adecentarlo para convertirlo en su despacho, pero quedaría bien.
El techo estaba cubierto de madera, dos grandes vigas en lo alto lo cruzaban de un extremo a otro, frente a la pared donde estaba la ventana se encontraba la escalera de madera que lo comunicaba con el piso de abajo y en otra de las paredes había una chimenea de piedra.
Pondría su mesa en la pared que quedaba libre, para poder mirar hacia la ventana que quedaría a su derecha.
Podría ver desde allí los árboles que rodeaban la casa y más a lo lejos, el camino que llevaba al pueblo.

Comenzaría llevando al cobertizo todo lo que no necesitaba, sin detenerse a abrir las cajas, no quería que al hacerlo le invadieran los recuerdos que encerraban.

Entonces escuchó el teléfono en el piso de abajo, se lo había olvidado en el dormitorio, junto al bolso, sobre la cama.
Bajó pensando quien podía llamarla, ya que no había dado su número a mucha gente, sólo a su familia y a unos pocos amigos. Miró en la pantalla del móvil para ver quien era y vió la foto que le había sacado a Karen el día de su treinta cumpleaños. Estaba preciosa y sonriente, como siempre, tal y como era ella.