29 de agosto de 2013

The Royal Maple

Para entrar tuvo que ir apartando muebles viejos y cajas polvorientas. Consiguió abrirse paso a través del desván poco a poco, hasta llegar a la ventana.
La luz del sol traspasaba con dificultad la mugre que se había ido depositando en el cristal durante todos aquellos años.

Abrió la ventana y respiró por fin el aire fresco de la mañana.
Le parecía que había pasado una eternidad y en cierto modo así había sido, aunque ahora eso no importaba, no importaba cómo lo había conseguido, al menos por el momento.
Lo único que importaba es que había conseguido volver.

Se giró y echó un vistazo al desván, le iba a llevar mucho tiempo adecentarlo para convertirlo en su despacho, pero quedaría bien.
El techo estaba cubierto de madera, dos grandes vigas en lo alto lo cruzaban de un extremo a otro, frente a la pared donde estaba la ventana se encontraba la escalera de madera que lo comunicaba con el piso de abajo y en otra de las paredes había una chimenea de piedra.
Pondría su mesa en la pared que quedaba libre, para poder mirar hacia la ventana que quedaría a su derecha.
Podría ver desde allí los árboles que rodeaban la casa y más a lo lejos, el camino que llevaba al pueblo.

Comenzaría llevando al cobertizo todo lo que no necesitaba, sin detenerse a abrir las cajas, no quería que al hacerlo le invadieran los recuerdos que encerraban.

Entonces escuchó el teléfono en el piso de abajo, se lo había olvidado en el dormitorio, junto al bolso, sobre la cama.
Bajó pensando quien podía llamarla, ya que no había dado su número a mucha gente, sólo a su familia y a unos pocos amigos. Miró en la pantalla del móvil para ver quien era y vió la foto que le había sacado a Karen el día de su treinta cumpleaños. Estaba preciosa y sonriente, como siempre, tal y como era ella.