20 de septiembre de 2014

Blendoku

Si quieres llenar tu vida de color, juega al Blendoku.
Cuando lleves un tiempo empezarás a apreciar los matices que puede llegar a tener el color blanco, sin necesidad de vivir en Noruega.
Te ahorras el viaje, no tendrás que aprender noruego y es gratis, no sé qué más se le puede pedir a un juego.

11 de julio de 2014

A la ribera del Júcar

Anudé el lazo a la ribera del Júcar, en la barandilla del sendero que discurre bajo las casas colgadas de Cuenca.
Cogí un lazo de color verde, con la esperanza de que aguante poco tiempo.

Cuenca es una ciudad recoleta, su corazón está protegido entre las casas, iglesias, palacios y muros del casco antiguo, en lo más alto de la montaña. 
Para acceder debes subir por calles tan empinadas que acarician la verticalidad, pero que son tan bellas, que te hacen olvidar el dolor de tu carencia de preparación física para enfrentarte a este reto.

La calle Madre de Dios te advierte de que esa será la expresión que uses cuando corones la cima, si bien antes podrás parar a descansar un rato en el mirador del Jardín de los Poetas, un lugar que tu imaginación deberá llenar de flores y jardines que inexplicablemente aún no existen.

Desde la base de la Torre de Mangana podrás enfrentarte de tú a tú con los estratos de la Montaña vecina y hacia abajo, podrás ver cómo se extienden las casas bordeando el río, con sus tejados rojizos y diminutos, distribuidos con una elegancia que sólo la necesidad y el paso de los siglos hace posible.

Me he enamorado de Cuenca, de su falta de ostentación, de su sencillez, de la robustez de su estructura. La Catedral es magnífica pero sólo si cruzas su puerta de entrada, ya que para mimetizarse con su entorno parece fingir que no es una Catedral, sino sólo otro edificio más, no destaca su pórtico, ni su escalinata, su situación no es la idónea para percibirla en toda su envergadura, pero sin embargo, una vez estás en su interior, sabes que no podrás olvidarla.

Ya me había liberado de la promesa de anudar el lazo de la desgracia, cuando llegamos al puente que los enamorados han elegido para cerrar sus candados, es el puente que une el Parador con el casco viejo, vuela sobre el río Huécar y no es apto para quienes tengan vértigo, la altura es sobrecogedora, no consigues mirar directamente hacia abajo sin sentir un pequeño mareo. Es sin duda una estupenda terapia que te ayuda a ver con algo más de perspectiva.

Estuvimos en el Planetario del Museo de las Ciencias, nos hicimos fotos en la réplica de la estación espacial de la ESA, pasamos una mañana en la Ciudad Encantada, rodeados de enormes piedras que han aguantado con más o menos fortuna el paso del tiempo, de ese tiempo que yo tenía la necesidad de saber que acaba disgregando en pequeños pedacitos, asumibles por el paisaje, cualquier cosa.

Y sí, el paisaje ha cambiado, me siento mejor, ahora ya sé que cuando la vida me sitúe en un apeadero sin posibilidad de coger ningún tren, sabré esperar estoicamente el paso del tiempo, de ese tiempo capaz de construir ciudades dignas de ser amadas y destruir rocas gigantescas, sin tener que hacer absolutamente nada más que existir.

El tiempo existe inevitablemente y en esa existencia es en la que vivimos, sin tiempo no podríamos ser, a veces hay que distanciarse de él para recordarlo y Cuenca ha resultado el sitio perfecto para hacerlo.

3 de julio de 2014

Mirando a Cuenca

Siendo consecuente con el momento que me está tocando vivir, me voy a Cuenca.
No hay que perder el optimismo, hay que saber encajar los golpes con elegancia y espíritu zen, va a dar lo mismo cómo te tomes las cosas que van a seguir siendo como son, así que mejor tomarlas bien.

Es tan sencillo que parece mentira que funcione.
Pero no una mentira cualquiera, es más bien una mentira tan gorda que es imposible de ocultar, con unas lorzas que le cuelgan por todas partes, enfundada en una talla 36, como si le quedara bien, como si no fuera con ella, mirando para otro lado, preguntándote, mientras se contonea delante de ti, si le queda bien ese bikini.

Y qué vas a contestar, pues que sí, que le queda bien, porque te va en ello tu sentido del humor, tu felicidad y tu paz interior.
Incluso puedes llegar a decirle que lo mismo le queda algo grande, porque hoy te has levantado con chispa.

Debería haber en Cuenca un lugar similar al puente de los candados de los enamorados, pero con lazos de tela. Que pudieras anudar todo lo fuerte que quisieras, pero que con la lluvia, el viento y sobre todo con el paso del tiempo, se fueran degradando y finalmente, soltando.

Los lazos simbolizarían todas aquellas cosas que nos dan por saco profunda y devastadoramente.
Como el candado simboliza el amor eterno, el lazo simbolizaría aquello que nos daña y nos somete, pero de lo que sabemos que finalmente conseguiremos liberarnos.
Serían el símbolo de la futura libertad, de la superación de las desgracias, de la esperanza.

Voy a llevar un lazo a Cuenca, a ver si encuentro un sitio donde anudarlo.

29 de enero de 2014

Tres minutos

El regreso a casa fue tenso.
Thor se había sentido incómodo durante la cena y también después, cuando salieron todos juntos a tomar unas copas.
Nostromo no había tratado de disimular que no ocurría nada, la figura de porcelana había caído al suelo y debía decidir si merecía la pena recogerla. Pero no ahora, no en ese momento. En ese momento sólo sentía que Dallas cada vez se alejaba más y ella no podía hacer nada para evitarlo.
-¿Quieres que me quede?, dijo Thor aparcando el coche frente a la casa de Nostromo.
-Si, quiero que te quedes, no quiero que te vayas, respondió Nostromo, inclinándose sobre él y besándole suavemente en los labios.


Pasaron dos semanas y Nostromo acudió a la reunión de Ilógico. Había llegado muy pronto para evitar el tráfico del centro de la ciudad, si hubiera ido más tarde, recorrer el mismo espacio le hubiera llevado casi cuatro veces más tiempo. Faltaba una hora para que los demás fueran llegando.
 
Cuando entró el local estaba vacío, con la excepcción de la mesa que ocupaban Dallas y Leonard, al fondo del local. No esperaba encontrar a nadie, pero mucho menos a Dallas. Los saludó desde la puerta y fue directamente a la barra. Se sintió algo inquieta, deseaba encontrarse con Dallas, la única razón por la que estaba allí era él, pero no tan pronto, no de esa manera.

Pidió una cerveza al camarero, pagó y se quedó un rato en la barra, sin saber qué hacer, tratando de calmarse. El camarero la miró, tal vez esperando que pidiera algo más, lo que advirtió a Nostromo de que estaba tardando demasiado. Cogió la cerveza, respiró profundamente y se dirigió a la mesa.

- Hola qué hay, dijo Nostromo con su eterna sonrisa.
- Hola, bienvenida... ¿conoces a Leonard?, dijo Dallas.
- Si, nos presentaron el otro día, después de la cena. Me encantó la película Memento, es una de mis favoritas, respondió Nostromo.
- Hola qué tal, me alegra volver a verte, aunque sea por poco tiempo porque me tengo que marchar, tengo una entrevista de trabajo, dijo Leonard levantándose de la mesa, mientras se ponía el abrigo.
- Vaya, pues mucha suerte, espero que te salga bien, ya me contarás qué tal, dijo Nostromo.
- Sí, espero tener suerte, en la próxima reunión os cuento, dijo Leonard.
- Ánimo, dijo Dallas.
- Venga, nos vemos, hasta luego, dijo Leonard.
- Hasta luego, dijo Nostromo.

Nostromo dejó la cerveza sobre la mesa y se quitó el abrigo. Lo colocó en la silla y se sentó al lado de Dallas, que la miraba con una sonrisa burlona.
- Has venido, parece que iba en serio lo de que vendrías a todas las reuniones, dijo Dallas.
- Pues si, aquí estoy. Dicen que a la tercera va la vencida, así que como ésta es mi tercera reunión, espero que ya me tomes en serio, respondió Nostromo sonriendo.
- Siempre te he tomado en serio, o al menos lo estoy intentando, dijo Dallas riéndose.
- Eres tan amable... -dijo Nostromo en tono sarcástico- menos mal que va a venir Gandalf, él al menos me comprende.
- Bueno, perdona, hablaré con Gandalf para que me pase el manual de instrucciones -respondió Dallas- me dijo que vendría más pronto, aunque no tan pronto. ¿Cómo es que has llegado a esta hora?.
- Porque si vengo más tarde el tráfico es imposible, odio los atascos, dijo Nostromo.
- Yo vengo desde la zona norte y también tardo un montón de tiempo en llegar... por cierto, no nos despedimos el día de la cena, no te vi marchar, dijo Dallas.
- Nos fuimos después de jugar un par de partidas al billar, Thor estaba cansado, dijo Nostromo.
- Pues nos quedamos hasta muy tarde, lo pasamos muy bien, dijo Dallas.
- Me hubiera gustado quedarme, pero no iba a obligar a Thor..., dijo Nostromo.
- ¿Hoy no va a venir?, preguntó Dallas.
- No, en realidad no lo pasó demasiado bien, no creo que esto le guste, respondió Nostromo.
- Lo siento entonces, espero no haber tenido nada que ver, al menos por una vez, dijo Dallas sonriendo.

Nostromo se quedó pensando por qué a veces las cosas parecen tan fáciles y difíciles exactamente en la misma medida. Pensó en responder a Dallas lo mucho que él había tenido que ver. Estaba allí, frente a ella, sin tener la más remota idea de lo que había pasado aquella noche y sin embargo era incapaz de contárselo.

- La probabilidad entonces está a favor de que tuvieras mucho que ver, respondió Nostromo.
- Si fuera por probabilidad, sería culpa mía, dijo Dallas riendo.
- Exactamente, dijo Nostromo asintiéndo lentamente con la cabeza.
- Me pareció un tío muy majo, hacéis buena pareja, dijo Dallas.
- Seguramente, pero ya te comenté que no era mi pareja ¿no?, preguntó Nostromo.
- ¿Si? no me acuerdo, la verdad, respondió Dallas.
- Ya, bueno... ¿tú que tal?, preguntó Nostromo.
- Pues bien, he venido antes porque había quedado con Leonard, tenía que devolverle un libro que me prestó y de paso nos tomábamos algo, respondió Dallas.
- ¿Qué libro?, preguntó Nostromo.
- "Guía del autoestopista galáctico", respondió Dallas.
- Es muy bueno, a mi me encantó, dijo Nostromo.
- Si, a mi también me ha gustado mucho, se ha hecho un hueco entre mis preferidos, dijo Dallas.
- Sacaron una película hace tiempo que también está bastante bien, no tan bien como el libro, pero si tienes un rato bájatela, porque merece la pena, es una locura, dijo Nostromo.
- No me suelen gustar las adaptaciones de los libros a películas, se pierde mucha información, a veces no tienen nada que ver, dijo Dallas.
- Es verdad, pero es que una película es sólo la interpretación del libro a través de los ojos del director, dijo Nostromo.
- Que puede no concidir en absoluto con la que hayas tenido tú mientras leías el libro, dijo Dallas.
- Claro, pero eso también me resulta interesante, poder comprobar cómo otra persona comprende algo diferente leyendo las mismas palabras, dijo Nostromo.
- No lo había pensado así, dijo Dallas.
- Es el resultado de un proceso mental distinto, teniendo los mismos elementos de partida, dijo Nostromo.
- Pues si... la historia se va creando en la imaginación de cada uno, dijo Dallas.
- Y lo que uno imagina no es lo mismo que lo que otro pueda llegar a imaginar, en cada persona las mismas palabras tendrán un sentido y un contenido distinto y al final, el conjunto de las palabras puede llegar a provocar conclusiones diferentes, dijo Nostromo.

Dallas apuró el último sorbo de su cerveza y Nostromo también bebió de la suya. Ambos se sentían muy cómodos, extrañamente cómodos, como si siempre hubieran estado juntos, como si hablaran con un amigo de siempre, que te conoce bien y sabe escucharte.

- Me encanta imaginar historias, a veces un sólo detalle, en cualquier situación, puede dar lugar a que imagine cosas complicadísimas, dijo Dallas.
- Se podrían escribir novelas a partir de lo que te sugiere una sonrisa... -dijo Nostromo pensando en la primera vez que vió a Dallas-.
- O a partir de lo que te sugiere una mirada... -dijo Dallas, pensando en Nostromo transformada en una Valkyria de mirada centelleante-.
- Es interesante a donde nos podría llevar la imaginación y la fantasía, dijo Nostromo.
- Normalmente a hacer tonterías..., dijo Dallas.
- Lo que me interesaría conocer es lo que pasa en los demás casos, en los que resulta que después de todo, no son tonterías, dijo Nostromo.
- Pero también hay que aprender de la experiencia, las cosas son como son y no cambian, por mucho que imagines que podrían cambiar, dijo Dallas.
- Entiendes la fantasía como imposible, para mi sólo es improbable, dijo Nostromo.
- Una improbabilidad que tiende a infinito, espero, o se te va la olla muchísimo, dijo Dallas riéndose.
- Hasta en ese caso, es posible, dijo Nostromo.
- Prefiero no perder el tiempo en ideas que al final no llevan a ninguna parte, dijo Dallas.
- Pero eso no puedes saberlo, no puedes estar seguro, dijo Nostromo.
- Vale, pero puede que no me merezca la pena, dijo Dallas.
- En eso estoy de acuerdo, pero no significa que no sea posible, sólo que no te interesa saber si lo es, dijo Nostromo.
- Sí, soy bastante conformista, dijo Dallas.
- Ya me lo parecía. Yo no, no me conformo fácilmente, en realidad no me conformo en absoluto, por mucho que lo intento, dijo Nostromo.
- Pues debe ser bastante incómodo vivir así, dijo Dallas
- Tengo mis momentos, -dijo Nostromo riendo- pero como te comenté el otro día, la comodidad no es un objetivo que tenga en cuenta.
- Si, es cierto, dijo Dallas pensando en lo que le había dicho Nostromo la noche de la cena, justo antes de volver a entrar en el restaurante.

Dallas se sentía bien en compañía de Nostromo, apenas se conocían y sin embargo a veces parecía como si supieran cada uno lo que el otro estaba pensando. Se sorprendía por la forma en que sus conversaciones acababan siendo íntimas. Después de la cena de Navidad, en el local de copas, habían terminado charlando a solas, como si los demás no existieran, hablando de cualquier cosa que se les ocurría, enlazando unos temas con otros, como si les faltara tiempo para saber qué pensaba cada uno de los asuntos más dispares.
A medida que pasaba el tiempo se sentía más unido a ella, aunque sabía que no podía existir más intimidad de la que ya tenían. No era posible, estaba cansado, demasiadas decepciones le habían enseñado que a pesar de que la imaginaba perfecta para él, no era real y estaba seguro de que si iba más allá, la realidad se impondría.

Ahora había empezado una relación con Campanilla, una relación real. Ella le necesitaba y aunque no sentía una auténtica pasión, podría llegar a quererla. Había renunciado a la fantasía de encontrar su alma gemela, como un niño que renuncia a querer volar hasta las estrellas. Sentía que había madurado y con Campanilla podría llegar a construir algo. Desde que se enrollaron la primera vez, hacía mucho tiempo, siempre le había demostrado que seguía enamorada de él. No había nada en ella que le atrajera más de lo que podía atraerle cualquier otra mujer, por esa razón dejaron la relación en aquel entonces, pero ahora todo había cambiado. La misma noche que conoció a Nostromo fue cuando llegó a la conclusión de que si él no cambiaba de actitud, nada podría cambiar. Comportarse como un idiota con Nostromo le hizo pensar que nunca podría llegar a tener una relación con nadie y cuando el fin de semana siguiente volvió a encontrarse con Campanilla, decidió que comenzaría de nuevo con ella y haría todo lo posible para que funcionara.

- Ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad, dijo Dallas.
- ¿Como dices? -dijo Nostromo sobresaltada.
- Sí, que a veces lo que deseas se cumple, dijo Dallas.
Nostromo no sabía como asimilar aquella afirmación, precisamente en aquel momento. Habían sido tantas las veces que Dallas parecía leerle el pensamiento, que se sintió expuesta.
- No entiendo..., dijo Nostromo inquieta.
- Pensaba en voz alta. La noche que nos conocimos me porté como un idiota, sé que ya te lo había dicho, pero estaba pensando ahora mismo en eso, dijo Dallas.

Nostromo se sentió turbada, su corazón parecía que iba a salirle del pecho, pensar en la posibilidad de que Dallas fuera tan directamente al fondo del asunto que a ella le inquietaba, la llenaba de inseguridad. No sabía qué pensar, tal vez dijera que sentía lo mismo que ella, que una vez que dejó de lado los sarcasmos, pudo comprobar cómo encajaban a la perfección, que sentía que tenía que estar a su lado para sentirse mejor, que quería estar con ella, conocerla y comprobar si era posible que existiera su alma gemela. Cogió el vaso de cerveza como si fuera un escudo, esperando la respuesta que deseaba y refugiándose tras él, le preguntó:
- ¿Por qué pensabas en eso... ahora?.
- Porque es curioso como me han ido yendo las cosas, después de aquella noche pensé que debía cambiar de actitud y justo después empecé a salir con Campanilla. Ella seguía enamorada de mi y yo deseaba tener una relación en serio con alguien, algo que fuera real y ahora estoy seguro de que puedo conseguirlo. Lo deseaba y al final lo he conseguido.
- Ajá, dijo Nostromo, sin poder creer lo que estaba escuchando.


Las palabras de Dallas iban cayendo como gotas de agua helada, sobre cada una de las pinceladas de esperanza que Nostromo había dibujado, congelándolas y desintegrándolas.
- ¿No es increíble? es la típica frase que te sale en una galleta de la fortuna y se ha cumplido, lo próximo que voy a hacer es mirar el horóscopo, a ver si sigo teniendo tanta suerte, dijo Dallas riéndose.
- Pues sí, es completamente alucinante, dijo Nostromo sin poder evitar que su rostro reflejara la más absoluta sorpresa.
- Te estás cachondeando de mi, dijo Dallas sin parar de reir.
- No, no, qué va, perdona si te lo ha parecido... es que no esperaba que siguieras con Campanilla, dijo Nostromo tratando de asimilar toda la información.
- ¿Por qué?, dijo Dallas sorprendido.
- No lo sé, no lo esperaba, dijo Nostromo secamente.
- Pues si, claro, sigo con ella..., dijo Dallas dudando acerca de lo que quería decir Nostromo.
- Muy bien, pues me alegro, es estupendo y que vayas tan en serio es algo... en fin, que me alegro por ti, dijo Nostromo distraídamente.
- ¿Es algo, qué?, dijo Dallas completamente perdido.
- Inesperado, nada más. Sólo inesperado, eso es todo... se me ha acabado la cerveza, voy a por otra, ¿quieres algo?, dijo Nostromo sonriéndole y levantándose de la mesa.
- Eh... sí, gracias, píde otra para mi, respondió Dallas extrañado, le parecía que algo la había molestado a pesar de que no había perdido la sonrisa, vislumbró a la Valkyria justo antes de que se levantara, seguramente la combinación de las cervezas y su indomable imaginación habían conseguido confundirle de nuevo.

Nostromo llegó hasta la barra y le pidió al camarero dos cervezas. Se apoyó sobre los codos como si estuviera soportando el peso del mundo sobre sus hombros. Quería salir de allí, quería volver a casa y descansar, continuar con su vida como siempre, sin expectativas, sin esperanzas, en absoluta calma. Con el tiempo todo esto sólo sería un recuerdo desdibujado por la indiferencia, sólo un apunte más en el libro de su vida.

Escuchó como tras ella se abría la puerta de Ilógico, se giró para ver quien era y vió entrar a Gandalf, se irguió lentamente y le saludó con una sonrisa algo forzada. 
Gandalf se quitó el abrigo mientras saludaba a Dallas desde la puerta, después se acercó a la barra.
- Hola ¿qué tal?, dijo Gandalf.
- Aqui, pidiendo unas cervezas, ¿quieres tomar algo?, respondió Nostromo.
- Sí, una cerveza por favor -dijo Gandalf al camarero- ¿qué hacéis aqui los dos?, ¿por fín me ha hecho caso y habéis quedado?.
- ¿Por fin? ehm... no, yo he venido antes para evitar el tráfico, respondió Nostromo con gesto serio.
- ehm... vaya ¿y Dallas?, ¿qué hace aqui?, preguntó Gandalf mientras cogía su cerveza.
- Había quedado con Leonard que ya se ha ido, tenía una entrevista de trabajo, ¿nos sentamos?, respondió Nostromo.

Llegaron a la mesa y dejaron las cervezas. En ese momento entraron Kentley y Cíclope, seguidos de Campanilla y de un par de chicas que Nostromo no había visto antes. Saludaron desde la puerta y Kentley les hizo una señal de que pedirían algo en la barra antes de sentarse con ellos.

- Hola Dallas, qué tal, dijo Gandalf.
- Bien, había quedado con Leonard por lo del libro, pero ya se ha ido, tenía una entrevista, dijo Dallas.
- Es verdad, que te había prestado un libro... si, ya me ha contado Nostromo, dijo Gandalf.
- ¿Has venido con Kentley?, le preguntó Dallas.
- Qué va, he venido directamente desde el trabajo, dijo Gandalf.
Nostromo quitó el abrigo de su asiento y fue a colgarlo al perchero. Mientras lo colgaba pasaron junto a ella Kentley y los demás y comenzaron a mover las mesas, para que hubiera sitio para todos.

Nostromo se quedó atrás, esperando a que acabaran de colocar las mesas de esa forma incomprensible, que conseguía que hubiera el menor sitio posible utilizando el mayor número de mesas. Se fueron sentando todos hasta que quedó un sitio libre, entre Gandalf y Cíclope. El sitio que había ocupado Nostromo ahora lo ocupaba Campanilla.

- ¿Me puedes pasar mi cerveza?, dijo Nostromo a Campanilla.
- ¿Estabas sentada aqui?, perdona, no me había dado cuenta, dijo Campanilla pasándole la cerveza a Nostromo.
- No pasa nada, no te preocupes -dijo Nostromo sentándose al otro lado de la mesa. Miró a Gandalf y le dijo en voz baja, sonriendo maliciosamente- mira, una cerveza invisible.
Gandalf le devolvió la sonrisa, respiró hondo y cogiendo su cerveza la alzó en un brindis hacia Nostromo, que lo recibió con todo el ceremonial que requería el gesto.

Pasaron el rato charlando mientras iba llegando más gente de Ilógico. Al cabo de un par de horas el local estaba casi lleno. Llevaban un rato contando anécdotas curiosas y varios puzzles corrían de mano en mano. Las servilletas servían para escribir los resultados de distintos acertjos y el ambiente era muy distendido.
Entonces Nostromo se decidió a plantear un juego a los que estaban a su alrededor.
- A ver qué os parece este juego... vamos, un poco de atención, dijo en voz más alta.
Los que estaban alrededor se giraron para escuchar, pero Dallas, que estaba más alejado, hablando con Campanilla, no le prestaba atención.
- Venga Dallas, que luego no vas a saber de qué va, le dijo Nostromo.
- ¿Qué?... ah, sí, vale, dijo Dallas.
- Bien. Unos alienígenas estaban experimentando con la capacidad de la gente para afrontar situaciones límite, empezó Nostromo, entonando el relato como si se tratara de un cuento para niños.
- Los alienígenas no existen!, dijo Gopher desde la mesa de al lado.
- Lo sé, es sólo un juego ¡un poco de paciencia! -dijo Nostromo riendo-. Para realizar el experimento abducían a una persona y después la hacían pasar a una habitación en la que...
- ¿Cómo era la habitación?, dijo Tormenta.
- Pero ¿era en la Tierra o era en otro planeta?, dijo Yoda.
- Si me interrumpís, tardaré más y el juego tampoco es para tanto... sigo... Para realizar el experimento abducían a una persona de donde fuera que estuviera en el planeta Tierra y la encerraban en una celda de su nave espacial. Después la hacían pasar a otra habitación, todo esto dentro de la misma nave que, para más señas, estaba orbitando alrededor de la Tierra, ¿mejor así?, dijo Nostromo riendo.
- Mucho mejor, dónde va a parar!, dijo Hari riéndose.

- Vale, pues continúo. La habitación era cuadrada, tenía dos puertas, una por la que entraba el prisionero y otra puerta enfrente, por la que saldría libre. Esa puerta sólo se abría accionando una palanca. En el centro de la habitación, que era completamente negra, como el interior de un horno, había diez palancas. Cada palanca era exactamente igual que las demás, indistinguibles unas de otras y en el extremo superior de cada una tenían un pomo de color rojo. Estaban colocadas en fila recta en el centro de la habitación, a medio camino entre las dos puertas. Salvo las palancas, no había nada más dentro de la habitación. El techo en su totalidad era una rejilla, parecida a las rejillas de ventilación de... 
- Pero a ver..., empezó a decir Kentley.
- Venga, vale, ya acabo -dijo Nostromo-. Una vez que el prisionero había entrado en la habitación, los alienígenas le planteaban el macabro juego:

"Estás en una habitación que sólo tiene dos salidas. 
Por la puerta que has entrado volverás a la celda y vivirás en ella durante los próximos diez años, pasado ese tiempo, te liberaremos.
Por la puerta que tienes enfrente accederás a la libertad inmediatamente, te devolveremos a la Tierra en ese mismo instante.
Frente a ti tienes una fila de diez palancas exactamente iguales, sólo accionando una de ellas conseguirás abrir la puerta que te conduce a la libertad. 
Si te equivocas de palanca o pasan más de tres minutos, desde la rejilla del techo la habitación se inundará de gas, que después se inflamará, abrasándote y reduciéndote a cenizas.
Tienes la posibilidad de abandonar el juego y volver a la celda, pero recuerda que debes hacerlo antes de que pasen los tres minutos o morirás.
Por si te interesa saberlo, ningún prisionero ha conseguido nunca abrir la puerta.
Buena suerte."

- ¿Qué haríais?, los tres minutos comienzan ahora, dijo Nostromo mirando su reloj.


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