martes, noviembre 17, 2009

42: El sentido de la vida

Desde La Puerta de Tannhäuser de Pitxi recojo este meme, son 40 preguntas, pero como mañana es mi cumple y me caen 21, dos veces, le añadiré dos más, como si fueran velitas en una tarta.

1. ¿Qué ha sido lo último que te has metido en la boca?
Acabo de beber agua, de la botella.

2. ¿Dónde te hicieron la foto de tu perfil?
No es una foto, es un dibujo que hice a mano, en casa.

3. ¿Sabes jugar a Guitar Hero?
No, y tengo ganas de echar alguna partida, está apuntado en la lista de cosas que tengo que probar.

4. Nombra a alguien que te haya hecho reír hoy.
Ha sido en el trabajo, me he partido de risa, hasta se me han saltado las lágrimas... se llama Eduardo.

5. ¿Hasta qué hora estuviste despierta anoche y por qué?
Estuve despierta hasta las once o así, porque cuando duermo la siesta después me cuesta dormirme pronto.

6. Si pudieras mudarte a otra ciudad, ¿lo harías?
Pues no, estoy muy bien en Madriz.

7. ¿Alguna vez te han besado durante los fuegos artificiales?
Si, creo que no he visto ningunos fuegos que no hayan acabado con un romántico y dulce beso, la situación invita.

8. ¿Cuál de tus amigos vive más cerca de tu casa?
Creo que mi amiga I., aunque también puede ser C., viven en Boadilla, pero no sé exactamente cual está más cerca.

9. ¿Crees que los ex pueden ser amigos?
En mi caso no, creo que no es bueno iniciar una amistad cuando ha habido amor, si quieres superar la relación. Una vez pasado el tiempo, si.

10. ¿Qué te parece el Dr. Pepper?
Si supiera lo que es...

11. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste de verdad?
Hace un mes, más o menos, me enteré de algo que no sabía, de una persona a la que quiero.

12. ¿Quién te hizo la foto de perfil?
Que no es una foto...

13. ¿A quién le has hecho tu última foto?
A la Reina y al Oráculo, en el Mills de Majadahonda, con el móvil. Nos encanta ese sitio.

14. ¿Fue ayer mejor que hoy?
Ayer nunca puede ser mejor que hoy, ni hoy será mejor que mañana.

15. ¿Puedes vivir un día sin TV?
Sin ninguna duda.

16. ¿Estás enfadada con algo?
No soy nada gruñona, sólo me cabreo espectacularmente muy de vez en cuando si tengo un buen motivo, pero tiene que ser uno muy bueno, y después se me pasa, sin más.

17. ¿Crees que las relaciones valen la pena alguna vez?
Depende de la persona con quien te relaciones, pero en mi caso es raro que si inicio una relación con alguien, del tipo que sea, no merezca la pena.

18. ¿Eres una mala influencia?
Depende del receptor, creo que básicamente rompo esquemas.

19. ¿Una noche fuera o en casa?
Wherever I lay my hat, that´s my home.

20. ¿Con qué objetos no podrías pasar el día?
Como no sea la ropa, no se me ocurre ninguna otra cosa.

21. ¿Cuál fue la última persona a la que visitaste en el hospital?
A la Reina, por lo del asma.

22. ¿Qué dice el último SMS que has recibido?
Que mi amiga C. se apunta a la cena del viernes.

23. ¿Qué piensas de tu vida en este momento?
Que no se puede explicar toda una película con un sólo fotograma.

24. ¿Odias a alguien?
Si, me temo que si, igual que también quiero a montones de personas.
No me niego las emociones, aunque en el caso del odio procuro acabarlo sintiendo sólo como una incomodidad.

25. Si miráramos en tu bandeja de entrada de Facebook, ¿qué encontraríamos?
Nada, borro los mensajes.

26. Supón que te hacen una prueba de drogas en este momento, ¿la pasarías?
Si la nicotina es una droga, no.

27. ¿Alguna vez te han llamado "perfecta"?
No creo que nadie pueda conocerme bien, mirarme a los ojos, y decirme que soy perfecta.

28. ¿Qué canción tienes metida en la cabeza?
Rosas, de La Oreja de Van Gogh.

29. Alguien llama a tu ventana a las dos de la mañana, ¿quién quieres que sea?
Emilio Botín diciéndome que me va a regalar su Banco.

30. ¿Quieres ser abuela antes de los cincuenta?
Ni de coña.

31. Dí algo que tengas que hacer mañana.
Ver Flash Forward, que lo tendré grabado de hoy.

32. ¿Piensas demasiado o demasiado poco?
Supongo que demasiado, no estoy segura con quien compararme.

33. ¿Sonríes mucho?
Constantemente.

34. ¿Cuántas horas pasas al día frente a un ordenador?
Al menos las siete horas que estoy en el trabajo.

35. Si pudieras ser otra persona por un día, ¿quién serías?
Emilio Botín, y en ese día me donaría el Banco con efecto inmediato y de forma irreversible.

36. ¿Facebook o Twitter?
Ya me está costando Facebook, como para meterme en más.

37. ¿Pollo o ternera?
Ternera.

38. ¿Mac o PC?
PC, nunca he usado un Mac.

39. ¿Alguna vez le has dado a alguien un puñetazo en la cara?
Si, pero era muy peque, no es un recuerdo nada agradable.

40. ¿Alguna vez te han dado un puñetazo en la cara?
Afortunadamente, no.

41. ¿Como han sido tus 41 años de vida?
Reveladores.

42. ¿Repetirías la experiencia de vivir?
Sin ninguna duda, aunque me llevaría un cuaderno de apuntes.
En la primera página pondría... La primera regla es: Nunca te enamores :D

domingo, noviembre 15, 2009

Sexto sentido

Pues si, estoy feliz, lo de serlo lo dejo para un momento más ingenuo.
Los motivos son varios, claro, pero básicamente ahora de lo que se trata es de disfrutar el momento.

Tengo que reconocer que lo pasé bastante mal, pensando que mi sexto sentido no me llevaba a ninguna parte, pero mira, si, había algo que me inquietaba y no sabía que era, por muy peregrino que me resultara el camino lo seguí y ahí estaba.

Comprendí de donde venía tanta inquietud, por qué llevaba días dándole vueltas a la misma idea, por qué me sentía como me sentía, por qué esa ansiedad.
Tengo que reconocer que saber la verdad, como siempre, no es algo necesariamente que te haga sentir bien, pero al menos tienes con qué conformarte, lo asumes y punto.

En fin, que estoy feliz, que ya sé que todo es muy mejorable, pero me siento muy bien.
Sé que es lo que quiero, también sé que no lo puedo tener, pero bueno, ya es un paso.
No hace mucho sólo pensar algo así me congelaba hasta las pestañas, pero ahora me he dado cuenta de que ya no tengo miedo, aunque sea tarde, aunque sea imposible, aunque no sirva de nada... ya no tengo miedo.

Antes no encontraba el motivo, ahora sé que nunca volveré, y estoy feliz.

domingo, octubre 25, 2009

Los Bakugan y la manifestación de la conciencia

Bakugan es el nombre del juego de moda entre los compis de la Reina.
Consiste básicamente en unas esferas de plástico que se abren al contacto con las cartas del juego y que después debes cerrar manualmente.

Tiene un rollo épico anexo que no me he molestado en aprender, puntos que otorgan poder, varias familias que se distinguen por el color de los bakugan y demás historias que hacen que no sólo sea un juego de esferas que lanzas sobre cartas, por mucho que personalmente me lo siga pareciendo.

El caso es que a la Reina le gusta jugar con los Bakugan, y en el recreo se dedican a cambiárselos en función de los que te falten y de la importancia que tengan en el juego, son más apreciados los que tienen más puntos.

El otro día para darle una sorpresa, y porque no hace más que sacar sobresalientes, el Oráculo le compró una tanda de seis bakugan, y cuando se los dió resulta que había tres que tenía repetidos.
No había problema, porque en cuanto llegara al cole los cambiaría.

Volvió del cole y le pregunté qué tal había ido y me dijo que estupendo, me enseñó los dos que había cambiado, que tenían una puntuación similar a los que ella había dado, y con una sonrisa maliciosa se reservó el tercero para el final.
Me lo enseñó como quien enseña un tesoro, había cambiado el peor por uno de los mejores, con una puntuación altísima.
Acompañó la presentación con la risa malvada clásica de cualquier dibujo animado,"Mwahahahaha, soy mala, malísima, le he engañado, no se ha dado ni cuenta" y de nuevo "Mwahahahaha".

No hago más que decirle que ser malo no es algo que te haga sentir bien a largo plazo, que seguramente el niño al que ha engañado no quiera ni volver a verla, pero en fin, eso es algo que se aprende con el tiempo.
Aunque en este caso aprendió en muy poco tiempo.

Me pasó el superbakugan y lo acerqué a la carta para ver como era por dentro.
Muy chulo, si, y al cerrarlo me di cuenta de que no cerraba bien, lo intenté de nuevo y entonces supe quien había engañado a quien.
Estaba roto.
Se había abierto y cerrado tantas veces que no se mantenía cerrado, a no ser que ni lo miraras, y ni eso.

La Reina se enfadó, mucho, la risa malvada que aún flotaba por el salón se congeló.
Me lo cogió, lo abrió y cerró, lo observó bien, y si, no se cerraba, estaba mal, la habían engañado.
Se quedó en silencio, muy seria, muy triste.

Le dije que esa era una lección que debía aprender, cuando trates de engañar a alguien y te resulte muy fácil, piensa en si no es posible que sea él quien te está engañando.

Por lo visto la Reina pensó que el niño no se había dado cuenta de la puntuación, le dijo que el de ella le gustaba más, que era más bonito, y el cambio se hizo rápido.
Ella lo guardó enseguida, sin mirarlo mucho, no fuera el otro a cambiar de opinión.

No había mucho más que aprender ese día, pasó toda la tarde triste y el bakugan maldito quedó abandonado en la mesa del salón.

Días después, a la hora de la merienda, se sienta a mi lado en el sofá, con ganas de hablar.
Le pregunto que qué tal todo y me dice sin mucho convencimiento que bien.
La miro e insisto, porque siento que ha pasado algo.

Me cuenta que ha cambiado el bakugan maldito a otro niño, sin que el niño se diera cuenta de que estaba roto, y que encima se lo ha cambiado por otro con casi la misma puntuación.
Pongo cara de póker y la digo, aha ¿y?.
Mira al suelo y me dice que se siente muy mal, que no sabe qué es lo que le pasa, que siente algo raro en el estómago.
Le pregunto que por qué cree que se siente así, y me dice que piensa que el niño llegará a su casa y verá que está roto, y se pondrá muy triste.
Le digo que tal vez el niño sepa que estaba roto, pero le daba igual, pero me asegura que no.
Entonces le digo que tal vez el niño cree que la ha engañado a ella, y ella dice que si, que es posible que sea así.
Me dice que ha hecho lo mismo que le hizo el otro niño a ella.

La abrazo y le digo que esa es una nueva lección que debe aprender, si alguien te hace daño, no te vas a sentir mejor haciendo el mismo daño a los demás, seguramente te sentirás aún peor, porque sabrás exactamente el daño que estás haciendo.
Me pregunta por qué le duele el estómago y le digo que así es como te sientes cuando haces algo que crees que no está bien hecho.

Pasamos un rato en silencio y me pregunta cuando se le pasará.
Le digo que piense en si es posible que vaya a hablar con el niño y le devuelva el bakugan.
Lo piensa y me responde que si, pero me dice que el niño que le dió el bakugan maldito no hizo eso con ella.
Le digo que tal vez no lo hizo porque él no se sintió mal engañándola.

Seguimos en silencio y siento que toma una decisión.
Me mira y veo en sus ojos que ya se siente mejor, está más animada, me dice que irá al recreo, buscará al niño al que engañó y le devolverá el bakugan.
Le pregunto que si entonces se quedará con el bakugan roto, y me dice que si, que no le importa.
Sonríe, me abraza con fuerza, me besa, se ríe, pero esta vez de felicidad.
Ahora ya se siente bien, mañana lo solucionará todo, "gracias mami!!!".

Creo que aprendo más de la Reina que ella de mi, mucho más.

jueves, octubre 15, 2009

Nunca regresó a Melbat

Nunca regresó a Melbat, no podía.
Había dejado que el tiempo transcurriera, tratando que sólo con su paso la herida cicatrizara, y lo hizo, pero los recuerdos seguían allí.
Las calles empedradas, los fríos muros, la soledad.

La ira había congelado su corazón y combatió sin piedad, pero cuando contempló lo que había hecho, el dolor fue aún mayor.
Fue tanto el odio, fue tan cruel la venganza, fue tan terrible la guerra, que sobre aquellas calles, entre aquellos muros, la vida no volvería a intentarlo.

Nunca volvió a Melbat, no quedaba nadie allí.
Combatió contra sus hermanos, contra los de su misma sangre, se había negado una y otra vez la compasión, la comprensión.
Nunca confió en nadie, nunca escuchó a nadie, nunca se permitió sentir.

No podía volver a Melbat, porque cuando consiguió no volver a odiar, no existía nadie a quien agradecerlo.
Cuando lo entendió, ya era tarde.
Cuando por fin sintió, las calles empedradas no se atrevían a ser testigos de sus pasos, los fríos muros eran incapaces de devolver el eco de su lamento.
Tanto dolor, tanto sufrimiento.

Nunca regresó a Melbat.

domingo, octubre 11, 2009

Sheldon y yo

Ya no ponen Big Bang, vaya mierda de tele.
Me gusta esta serie, principalmente porque me dá mil argumentos para quejarme del Oráculo sin abrir la boca. Ah, qué feliz soy viendo cómo resulta rematadamente raro Sheldon.

A ver, no es que yo sea lo que se entiende que es una persona normal, no, para qué nos vamos a engañar.
Pero digamos que sé cuales son los "condicionamientos sociales no optativos" y los cumplo con total naturalidad, como si tuvieran algún sentido, lo que hace que a ojos de un observador inexperto sea una chica sonriente, maja, encantadora, extrovertida y muy simpática. Uhm... tal vez demasiado.

El Oráculo no es así, para él tampoco tienen ningún sentido, pero es que además confía completamente en mi para que se los señale y le diga qué es lo que tiene que hacer.
Es como Sheldon pero en la más cruda realidad.

Por eso me siento bien viendo Big Bang, es como hacer terapia de grupo.

En un capítulo resulta que a Penny le dá un bajón porque se da cuenta de que la frustración llena su vida.
Le dá el bajón porque se dá cuenta, claro, porque su vida es así desde el principio y el hecho de que lo sea sólo depende de ella y su peculiar visión acerca de la importancia de las cosas.
Pero en fin, está llorando en las escaleras, ha metido la llave del coche en la puerta de la casa y ahora ya no puede sacarla, las bolsas llenas de comida que traía se han desparramado por el suelo y está completamente desconsolada y desesperada, llora y llora, sin parar, y entonces Sheldon sale del apartamento y la ve.

Le pregunta qué ocurre, y Penny le dá mil detalles de su vida desde que llegó, todo lo que le ha ido mal, no consigue nada de lo que quiere, todo es horrible, está en la más profunda desesperación.
Y Sheldon para consolarla le dice: Ea, Ea.
Nada más que Ea, Ea.
Acto seguido le pregunta si le puede llevar al trabajo porque él no conduce, sin que haya ningún signo externo de empatía, ni el menor atisbo de que pueda entender por lo que está pasando.

Y claro que no lo entiende, porque para llegar al punto en el que está Penny antes tienes que haber dejado de analizar muchas situaciones, haberte dejado conducir por la vida con los ojos cerrados, haber renunciado a tener un mínimo de estrategia a largo plazo para tu vida.
No lo puede entender porque es incomprensible actuar así si eres lo suficientemente inteligente.
Pero claro, resulta cómico ver cómo trata de consolarla cuando sabe que no hay consuelo posible, ni por cierto, solución.

Bueno, pues el Oráculo es exactamente así.
El mayor consuelo que puede ofrecer es un análisis exhaustivo de la situación y plantear una solución que probablemente me anime, y ayudarme con todo lo que necesite para alcanzar ese estado de ánimo.
Es entonces cuando le mando a la mierda, le recuerdo el tamaño de mi cerebro, le digo que todo lo que me ha dicho ya lo sé y que sólo me siento mal, y que no existe nada en este mundo, ni en este universo, ni en esta dimensión, ni en ninguna de las 11 cuerdas que me haga sentir mejor en ese momento, que sólo necesito pasarlo y alguien con quien estar.
Y es entonces cuando me abraza y está conmigo, aunque no sepa muy bien por qué.
Eso, para él, es amor... creo.

Antes del Big Bang no hacía más que quejarme cada vez que necesitaba un montón de mimitos, con indirectas como que me siento mal, o triste, o qué día más gris ¿no te parece?, a lo que él respondía con un tómate un gelocatil, vamos a ver una peli divertida o este tiempo no puede durar siempre.

Después del Big Bang cuando me siento mal sólo pongo morritos, le digo "Ea, Ea" y ya sabe, porque se ha visto retratado en la tele, cómo me siento.

Big Bang Theory, para mi, ha sido como asisitir al origen de un nuevo universo.

sábado, octubre 10, 2009

Algo no cuadra

Algo no cuadra.
Esta sensación sólo aparece de vez en cuando y coincide con el ciclo hormonal, así que debe tener que ver con cómo mis hormonas quieren que dirija mi vida.

Por ejemplo, en la tele ponen una peli romántica, y dependiendo del ciclo siento el impulso irrefrenable de cambiar porque menudo coñazo, o de verla hasta el final con una caja de kleenex al lado.

O la Reina pasa de hacer los deberes, y o bien levanto una ceja y le señalo los libros con autoridad incontestable, o le doy un abrazo y le preparo su merienda preferida a ver si así le dan ganas de hacerlos, sabiendo que eso jamás dá resultado.

O alguien a quien quiero la caga espectacularmente, y o bien le mando a tomar por saco salvo que me dé alguna explicación satisfactoria, y ni eso, o le digo que no pasa nada, me saco el puñal de la espalda y se lo doy para que esta vez acierte en el corazón, con un beso.

Y esto ocurre todos los meses, lo que resulta bastante desagradable, la verdad, teniendo en cuenta que soy una persona absolutamente racional.

Es como convivir con una plasta amante de las historias románticas e inagotables, capaz de ver el lado bueno de todo lo que la rodea, pendiente, hasta el punto de ser ajena a sí misma, de aquellos a los que quiere, sensible hasta la extenuación.
Y eso todos los meses, al menos durante cinco días y a veces hasta una semana.

No lo soporto, porque generalmente consigue superarme, y cuando se me pasa me prometo no volver a sentirme así nunca más.
Hasta que llega el próximo mes.

Es cierto que con la edad el control del ciclo mejora mucho, qué digo mucho, si es que antes no podía ni reconocerlo, de ahí lo de que me haya parecido una buena idea, en algún momento, tener pareja durante toda la vida.

Pero ahora, si me llega alguien a quien generalmente mandaría a la mierda y me quedo pensando por un segundo si merece la pena escucharle, sé que es el ciclo.
Sólo tengo que pensar en todas las veces en las que antes le he mandado a la mierda, y con razón, y saber que si el mundo en ese momento es de color rosa, el amor revolotea por todas partes y el sol brilla aunque no se pueda ver por esos nubarrones negros, es porque no estoy siendo racional, en absoluto, y debería meditar.
Y mandarle a la mierda.

Por eso me encuentro ahora pensando en por qué hago lo que hago, si no tiene ningún sentido que lo haga.
Estoy en el momento justo en el que pienso que ha sido una buena idea y que he acertado, pero ya empiezo a intuir que seguramente es la peor idea que he tenido y que no he acertado en absoluto.
Mañana estaré segura de haber metido la pata y pasado mañana me gustaría no haberlo hecho. En unos días sabré que soy gilipollas.

Pero en este momento, sólo tengo la sensación de que algo no cuadra.

Cómo envidio a los hombres, de verdad, tan lineales, tan emocionalmente sencillos, tan estables.
Que luego habrá de todo, claro.
Pero me conformaría al menos con no tener que sentir estos vaivenes emocionales cada puñetero mes, joder, prefiero pagar la hipoteca.

jueves, octubre 08, 2009

Innovación

Me parece estupenda la repercusión que ha tenido la iniciativa de La Aldea Irreductible.

Andaba pensando desde hace un tiempo que los blogs estaban en baja forma, principalmente por el incremento en la actividad de las redes sociales, pero al menos hoy me siento optimista.

Es muy complicado, en todos los sentidos, sacar adelante un blog.

Tal vez lo tienen más fácil los que se alimentan de noticias de actualidad, o los blogs temáticos, o los de personas conocidas fuera de la Red, pero los blogs personales son realmente complicados de mantener.

Es casi cierto que un blog se alimenta de las visitas y comentarios, porque lo es en el sentido de que si escribes algo para que todo el mundo lo lea, al menos esperas que alguien lo haga.
Pero no es cierto que la motivación sea sólo esa, o no debería serlo.

Tienes que querer escribir, tienes que querer comunicarte, tienes que necesitarlo, y esa necesidad será por completo independiente del flujo de visitas o de los comentarios a favor o en contra de lo que escribas.

Por eso la respuesta a esta iniciativa me parece muy importante, porque los blogs que hemos participado no se pueden englobar dentro de ningún sector específico, han participado blogs de todo tipo, y la causa ha sido lo suficientemente altruista e inteligente como para que todos nos hayamos unido escribiendo, comunicando, bajo un mismo título.

Ayer me resultó bastante extraño publicar un post en mi blog personal con un título que no era mío, de un tema del que no se me ocurriría hablar en el blog, sin saber qué es lo que escribirían en otros blogs que se sumaban a la iniciativa, con total libertad de decir lo que quisiera, sin guiones ni censuras.

No iba a a entrar a analizar estadísticas, ni iba a entrar en política, pero sí me pareció importante contribuir desde mi particular punto de vista, primero por la causa en sí misma, y después por aportar aunque sólo fuera un blog más a la lista.

Es la primera vez que he hecho algo así y me ha resultado reconfortante, en fin, que me parece que hoy es un buen día para los blogs.