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Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos

Casa Odil

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A los pies del árbol muerto está la pequeña silla de piedra. Es del tamaño adecuado para que se siente un niño que no supere los tres años. El tamaño justo para ella, de esa forma tiene un lugar en el que esperar, sin tener que vagar por el inmenso jardín. Y espera, espera que alguien descubra donde está su cuerpo y poder liberarse de la maldición. Porque todo aquel que está enterrado sin que nadie sepa de su existencia, está maldito.  Ha pasado mucho tiempo desde que él la enterró bajo la casa, no recuerda cuanto, en realidad no recuerda casi nada de lo que fue su corta vida. Recuerda a su madre, siempre triste desde que su padre las abandonó, recuerda que el hermano de su padre venía a visitarlos y a consolarla, recuerda la noche que escuchó gritos en la habitación de arriba y después el silencio. Ese silencio que se volvió denso como el aceite y burbujeaba a medida que él bajaba las escaleras y se dirigía al estudio donde se escondía. Pero la encontró, y con lágrimas...

Cincuenta y seis

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"El mundo ha cambiado, lo siento en el agua, lo siento en la tierra, lo huelo en el aire" ESDLA La comunidad del anillo. Harta ya de tantas pelis de terror que son tan malas que no provocan ni la risa, regresé a los clásicos, y he recuperado el equilibrio. Al menos el necesario para escribir esto, que ya ves qué tontería.   En el noveno mes del año 2017 de nuestra era, cuando tomaron la decisión de orillarla, la tétrada pasó a ser un triunvirato. Apostados con la mirada perdida, tratando de evitar la situación expuesta, en lugar de afrontarla y debatirla, la ignoraron y con ella, a quien tuvo el arrojo de proponerla. La realidad era simple, el tiempo de la cordura había acabado y la emperatriz de la dinastía necesitaba todo el apoyo posible. Oh! cuánta osadía! solicitar más emolumentos para su sostenimiento!. Ni siquiera era una imposición, solo era una posibilidad. Se refugiaron en una oscura estancia del castillo y mientras en apariencia la vida discurría sin cambios, la re...

Arepo y el Dios de las pequeñas cosas

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  Arepo construyó un humilde templo en su campo, unas pocas piedras desordenadas en el suelo. No esperaba nada, pero sin él saberlo, esa misma noche se instaló un Dios. A la semana siguiente, Arepo pasó delante del templo, cogió algunas de las piedras y las apiló formando un pequeño altar, y sobre él, quemó dos tallos de trigo. - Sería bueno que este templo lo habitara el Dios de la Cosecha y que este año fuera abundante, dijo Arepo. Miró la ceniza del trigo sobre el pequeño altar, carraspeó, se quitó el sombrero de paja, se rascó la cabeza y dijo, pensando que le hablaba a algún Dios imaginario, - Sé que no es mucho, en realidad es muy poco, porque muy poco es lo que tengo, pero haré lo que pueda. Me siento bien pensando que existe un Dios que cuida de mi. Al día siguiente dejó en el altar un par de higos y se sentó junto al templo a orar, y al siguiente día, le ofreció a su Dios un racimo de uvas. Mientras meditaba acerca de lo agradable que era creer q...

Ovoide y el amor eterno

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Con el tiempo había desarrollado una forma ovoide. Las extremidades se habían anquilosado y reducido de tamaño y salvo la cabeza, todo se integraba en lo que parecía una gigantesca croqueta de más de cien kilos. Tampoco parecía tan grave, ya no le dolían las piernas al levantarse porque no tenía que hacerlo, rodaba. No resultaba elegante, por supuesto, pero eso hacía tiempo que dejó de importarle. Tal vez desde que dejó de salir de casa, y sin testigos que dieran cuenta de su deterioro físico, las críticas a su estado de salud solo dependían de su propio criterio. Y siempre fue muy indulgente consigo misma. Sí tenía algún inconveniente con el vello que cubría su cuerpo. Lo que siempre había sido una pelusilla dorada, inapreciable y sutil, había dado paso a una tupida capa de pelo oscuro y robusto. Pero era inevitable, ningún método de depilación era efectivo, así que acabó asumiéndolo. Como también asumió la miríada de manchas y verrugas que adornaban cada centímetro de lo que fue, en ...

Cómprate un bosque

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Sobre una extensa pradera de fina hierba y diminutas flores amarillas, la anciana había ido sembrando una a una las semillas, una vez cada año, solo una semilla, en el día de su cumpleaños. Al cabo de más mil años, el bosque se extendía hasta donde sus ojos no alcanzaban a ver. Los árboles más longevos quedaban en el centro y desde allí se iban ordenando en una espiral que discurría hasta el lindero del bosque, donde se encontraban los retoños plantados en los últimos años. Aquella tarde el viento era recio, la lluvia empapaba la ropa de la anciana y sintió como el frio congelaba sus manos. Caminó dentro del bosque para encontrar algo de refugio, pero con la cautela de saber que de adentrarse demasiado, se perdería para siempre en él. Se dirigió por uno de los senderos que llegaban hasta el centro, primero pasó entre los árboles más jóvenes, después entre aquellos que había plantado unos cientos de años antes, pero aún podía ver el cielo sobre ella y continuó adelante, hasta llegar ...

Mr. Hyde

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El Señor Hyde se detuvo en seco. Parecía que el agujero de bala humeante que se dibujaba entre sus cejas lo sostuviera colgado, como un cuadro a una pared invisible. Armonía sostenía temblorosamente el revólver al final de su brazo, sentía que su mano había dejado de pertenecerle. El silencio tomaba forma en el humo del tabaco que espesaba el aire, llenando cada rincón del pub del Irlandés. Bajó lentamente el brazo y dejó caer el arma. El Señor Hyde continuaba en pie, desafiante, a pesar de que la vida estaba huyendo de sus ojos. Caos entró por la puerta del pub, haciendo gala de su nulo sentido de la oportunidad. El aire en el interior se movió lo suficiente para romper el equilibrio y el Señor Hyde cayó hacia delante, haciendo crujir cada una de las tablas de madera que recibieron su cuerpo.

Anoche soñé con Tielmes

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Llegué a las siete y media de la mañana, como cada día, a mi trabajo. Encendí el ordenador y Antonio, mi compañero, andaba rebuscando en su cajón, porque no encontraba las llaves de su casa. - Tranquilo, ya aparecerán. - Es que no sé donde tengo la cabeza, siempre las pierdo. Las llevaba cuando he salido de casa, seguro, espero que no se me hayan caído por el camino. - No te pongas en lo peor, mira bien en el abrigo. - Ya he mirado... Se ponía nervioso con esos despistes. Era muy exigente consigo mismo, mucho.  Tenía cincuenta y siete años pero parecía que sólo rozaba la cincuentena. Conservaba una forma física extraordinaria, había sido campeón de España de culturismo y venía andando hasta la oficina, veinte minutos de caminata, aunque nevara. Tenía una berlina Mazda azul oscuro, de gasolina, un coche precioso, con los asientos en cuero beige, eligió hasta el último detalle que lo adornaba, le había costado gran parte de sus ahorros, pero no le importaba, ...

The Royal Maple

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Para entrar tuvo que ir apartando muebles viejos y cajas polvorientas. Consiguió abrirse paso a través del desván poco a poco, hasta llegar a la ventana. La luz del sol traspasaba con dificultad la mugre que se había ido depositando en el cristal durante todos aquellos años. Abrió la ventana y respiró por fin el aire fresco de la mañana. Le parecía que había pasado una eternidad y en cierto modo así había sido, aunque ahora eso no importaba, no importaba cómo lo había conseguido, al menos por el momento. Lo único que importaba es que había conseguido volver. Se giró y echó un vistazo al desván, le iba a llevar mucho tiempo adecentarlo para convertirlo en su despacho, pero quedaría bien. El techo estaba cubierto de madera, dos grandes vigas en lo alto lo cruzaban de un extremo a otro, frente a la pared donde estaba la ventana se encontraba la escalera de madera que lo comunicaba con el piso de abajo y en otra de las paredes había una chimenea de piedra. Pondría su mesa...

El perro cuántico

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No tengo un perro común. Lo parece, por supuesto, pero yo sé que no lo es.  Y es porque no puede evitar comportarse según su naturaleza. Cuando era un cachorrito aún no había perfeccionado su técnica y cometía errores, pero ahora, dios mío, ahora es tan perfecto que he pedido a los científicos del CERN que lo analicen, porque creo que en su interior encierra el secreto de cómo se formó el universo. En apariencia es un yorkshire terrier, de un kilo y medio de peso, más o menos, y un palmo de altura. Tiene una cartilla que acredita su pedigrí, su padre es campeón de europa, dos veces, y su madre, más joven, campeona de españa. Tiene dos apellidos compuestos y el porte que le proporciona su alto linaje, lo lleva en la sangre, impreso en su adn. Cabeza siempre alta, proporciones perfectas, postura en permanente posado para las cámaras, sabe y demuestra que es un campeón. Nada de esto es extraordinario, porque hay muchos perros que son así, puede ser asombroso, pero no e...

Las puertas cerradas

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Es el simple hecho de que existan los hospitales lo que me resulta insoportable. Grandes edificios fríos y descuidados, con pasillos interminables sumidos en una oscuridad que parece impregnar las paredes, negándose a abandonarlas. Es lo que significa que existan los hospitales lo que me duele.  Las puertas de las habitaciones cerradas, con historias terribles de sufrimientos infinitos, con pasillos eternos iluminados por una tenue luz que nunca llega a vencer la oscuridad. Recuerdo la primera vez que fui consciente de lo que era un hospital, para qué sirve.  La gente enferma, la enfermedad existe, y es tan devastadora que hacemos inmensos edificios de anchos y lúgubres pasillos, de interminables puertas cerradas, edificios a los que la gente enferma acude para que la curen. La gente enferma y la gente anciana, los hospitales están llenos de ancianos, pero no están enfermos ¿o si lo están?. Hacemos edificios para que la gente anciana acuda a curar el paso ...