3 de diciembre de 2006

Tunguska

Es posible que ya se estuvieran haciendo viajes en el tiempo y no pudiéramos darnos cuenta. La creencia general de que cualquier cambio en el pasado supondría el caos y la destrucción total de la humanidad, no tiene mucho sentido. Sencillamente cambiaría el curso de la Historia.

Leo en Menéame una noticia sobre Tunguska y se podría pensar, teniendo toneladas de imaginación, que fue una explosión provocada desde el futuro.

Los Estados Unidos de América, en plena guerra fria, deciden que no hay forma de acabar con la amenaza comunista. Están armados hasta los dientes y no parecen querer rendirse y abrazar las obvias bondades del capitalismo.
Desesperados, se dedican a invertir montones de dólares en cualquier tipo de estudio que les pueda hacer salir de ese empate, y subvencionan investigaciones sobre telepatía, telequinesia, astrología, reflexología podal, o viajes en el tiempo.

Un par de fisicos de la Universidad de Colorado, amigos de la infancia, que hacían sus primeros experimentos en el garaje de su casa, consiguen que su mascota, un ratón llamado Algernon, desaparezca por unos minutos, exactamente tres.
Cuando regresa de su viaje temporal se encuentra bien, es tres minutos más joven y sus dueños millones de dólares más ricos.
Esto ocurrió es 1966.
A pesar de ser uno de los mayores logros de la humanidad jamás salió a la luz, no recibieron el Nobel y de hecho, nunca se ha conseguido probar que fue realidad.
Aunque la historia ya no es como debería ser.
La guerra fria acabó con la rendición de la URSS, que de un día para otro se deshizo en pedacitos.

Investigadores internados de por vida en el Centro Psiquiátrico de Massachusets, aseguran que en el curso normal de la Historia, la revolución comunista consigue extenderse a Europa entre 1920 y 1930, lo que resultará decisivo para acabar con la hegemonía capitalista al final del siglo XX, y que eso no llegó a suceder porque la explosión provocada por una bomba nuclear de 15 megatones en Tunguska hizo pensar a gran parte de los seguidores de la revolución que era una "advertencia divina", que les indicaba, nítidamente, que ese no era el camino.