Entradas

Feliz año 2022

Imagen
- ¿Qué hacemos aquí? - Si te refieres a cual es nuestro destino en la vida... - No, no, no... me refiero a qué hacemos aquí, en este lugar y en este momento - Ah, eso, ya sabes que todo lugar es aquí y que todo momento es ahora, es la base del budismo... - Por el amor de Dios, Elisenda, solo quiero saber qué hacemos aquí, así, sin más historias - Jopé Rubén, qué ansias. No lo sé, he aparecido aquí como tú y no me lo planteo, dejo que todo fluya, que el universo... - A ver, es uno de enero, cuidadín con eso, que uno sabe cómo empiezan las cosas, pero no cómo acaban, ni mucho menos cómo será el viaje - Cierto, no me había dado ni cuenta, es Año Nuevo! Pues te deseo paz y prosperidad para este año que llega cargado de... - Cargado, llega cargado y punto - Me temo que tal vez no tienes un buen día - Si solo fuera eso

Wabi Sabi

Imagen
  Se acaba este día y con él, las 54 veces que he girado alrededor de nuestra estrella, montada en esta enorme pelota azul que llamamos Tierra. Aún me quedan unos quince minutos para completar el giro, nací a las once y media de la noche y voy a esperar a que llegue ese momento para publicar la entrada. Mientras tanto podría escribir algo para pasar el rato, pero... ¿sabes cuando tienes mucho que decir y ninguna gana de hacerlo?, pues estoy en ese punto. Justo ahí. Ahora son las 23 horas y 23 minutos. Casi se acaba ya el giro. Y aquí sigo, aquí seguimos, a pesar de todo y gracias a todo. Un año más y un año menos. Ah, lo de Wabi Sabi es por... vaya, me quedé sin tiempo: Wabi Sabi

Tao

Imagen
  Extensos y floridos se dibujaban los campos a mi alrededor. Atardecía. La trémula luz discurría y perfilaba el rostro de él. Siempre él. Hacia el ocaso de este día y de nuestra existencia, no quedaba nada más que decir, sabiéndolo todo y quedando aún la eternidad por descubrir.

Ovoide y el amor eterno

Imagen
Con el tiempo había desarrollado una forma ovoide. Las extremidades se habían anquilosado y reducido de tamaño y salvo la cabeza, todo se integraba en lo que parecía una gigantesca croqueta de más de cien kilos. Tampoco parecía tan grave, ya no le dolían las piernas al levantarse porque no tenía que hacerlo, rodaba. No resultaba elegante, por supuesto, pero eso hacía tiempo que dejó de importarle. Tal vez desde que dejó de salir de casa, y sin testigos que dieran cuenta de su deterioro físico, las críticas a su estado de salud solo dependían de su propio criterio. Y siempre fue muy indulgente consigo misma. Sí tenía algún inconveniente con el vello que cubría su cuerpo. Lo que siempre había sido una pelusilla dorada, inapreciable y sutil, había dado paso a una tupida capa de pelo oscuro y robusto. Pero era inevitable, ningún método de depilación era efectivo, así que acabó asumiéndolo. Como también asumió la miríada de manchas y verrugas que adornaban cada centímetro de lo que fue, en

Katsura

Imagen
Me voy a hacer un regalo. No solo me lo merezco, es que es el momento perfecto. Llevo días tratando de escribir por qué y cómo he llegado a esa sensación plena, a esa estupefacción de sentir que después de años de esperar una respuesta, ya no me importa absolutamente nada. Pero me he sorprendido pensando que ni siquiera me importa como para escribir sobre ello. No sé cómo ha sido posible, pero es así. Solo lo dejo anotado aquí, hoy me lo regalo: Es irrelevante.

ControlZ

Imagen
Comprendo que Google, como tantas otras compañías, se empeñe en creer que mejora sus productos, pero no sé, alguien debería decirles que paren, que se calmen un poco. A veces las cosas están bien como están, no son mejorables. Ya no se puede grabar lo que escribes en el blog cuando te dá la gana. Cada cierto tiempo, que va entre que acabas de escribir algo y un milisegundo después, Google decide que debe grabar lo que has escrito para que no se pierda, no vaya a ser que el futuro de la humanidad dependa de ello, o algo. Si quisiera que lo que escribo se grabara, lo haría, y si se me olvida, pues vaya por dios, qué le vamos a hacer, la próxima vez estaré más atenta y lo grabaré. Lo que es insufrble hasta la desesperación es tener que escribir a trompicones, esperar a que el párrafo que has escrito del tirón acabe de aparecer en la pantalla, que la palabra que has borrado termine de borrarse y se escriba la nueva palabra que ocupa su lugar, o como me acaba de pasar, llevo unos diez segun

Gruyendo

Imagen
A la tercera va la vencida. Después de dos intentos en los que reconozco que no me he aplicado mucho, he conseguido despertarme. Cuando me levanté a las cinco, valoré el hecho de que hoy es fiesta en Madriz, así que en lugar de la rutina diaria dí un par de vueltecitas a la casa, las pocas que me permite mi malogrado pie izquierdo, me fui al sofá y me quedé dormida. Desperté de nuevo a las siete y media, me levanté con la voluntad de que esta vez sí era la definitiva, pero según llegué a la cocina y subí la persiana, me sentí hipnotizada por una densa niebla azul que lo cubría casi todo. No conseguía ver más allá de la acera de enfrente, así que víctima del embrujo regresé a dormir al sofá. Cuando volví a abrir los ojos eran casi las once, todo un récord. Pero lo conseguí, estoy despierta, consciente y lista para procrastinar alegremente, entregarme a la molicie y al dolce far niente. En cuanto asome el sol de entre las nubes saldré al jardín, a la Garita, que es como el Oráculo llama

El Póney Pisador

Imagen
Se me ha roto el corazón.  Aunque el anular está peor, al menos en la radiografía el punto negro es más grande. No llega ni a una simple fisura, así que no llevo escayola, pero tener que andar con un zapato ortopédico es incómodo y bastante doloroso. Por aquello de que mi cuerpo es un templo budista, no tomo analgésicos ni en general, medicamentos. Por eso y porque antes de que fuera un templo era una taberna al más puro estilo del Póney Pisador y no he conseguido reformarlo completamente, parece ser que las tuberías y no digamos ya el sótano, siguen dando problemas. Pero en fin, mientras el ático funcione, no me quejo. Y es que no debería quejarme en realidad de nada, o sí, pero como tengo la impronta a nivel genético del optimismo más feroz, no me sale. Todo es para bien. No solo he tenido que reducir físicamente la velocidad a la que me desplazo por el planeta, es que al hacerlo, he ido reduciendo de forma inconsciente la mental y eso me ha dado tiempo, mucho tiempo, para reflexion